Charlotte Cardin – Wicked Game

Charlotte Cardin – Wicked Game

La habitación estaba más oscura de lo normal, más silenciosa, más grande, más fea, más. Él hacía rato que dormía, su brazo le presionaba la pierna y su respiración le resultaba pesada. Se giró buscando espacio pero no consiguió librarse de la sensación de que él controlaba todo, aun dormido, aun inconsciente. Controlaba el espacio y el tiempo y lo que pensaba y lo que decía.

Le tapó la nariz. Dejó de respirar por un segundo y apartó su mano. Era pequeña en comparación, la mano. Ella.

-Te quiero

Nada

-Te odio

Misma respuesta

Con cuidado consiguió sacar una pierna por debajo del edredón, tenía calor pero no se había dado cuenta hasta ese momento. La otra quedaba algo por debajo de él y tardó más en liberarla sin despertarlo. Se movió, apoyándose sobre los brazos, tratando de no forzar las muñecas. El silencio le oprimía el pecho. Saltó de la cama pensando que su ropa amortiguaría el crujido de la madera. No fue así. Él murmuró algo en sueños y ella dejó de respirar. -Donde las dan, las toman- pensó.

Pasos, puerta, puerta, pestillo

No recordaba haberse metido los dedos desde el instituto. No recordaba haber llegado a casa. No recordaba no recordar.

Las salidas de emergencia requieren de un salto, si se cogen de rodillas solo cuentan como descanso.

 

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