If You Want Me – Marketa Irglova + Glen Hansard

IF YOU WANT ME

Erase una vez yo en Dublín, el último día de bares, robando un posa-vasos.

Hace un tiempo, (no demasiado tiempo), cuando los italiannis de turno (encantados con el tema, por cierto) aún tenían que comprarme la cerveza (el buen señor del bar no se decidía a vender alcohol a una mayor de edad (menos una semana y media)) nos encontramos con Temple Bar cerrado a cal y canto.

Era la última noche que pasábamos en Irlanda y Cris decidió que lo que en principio parecía una putada (a partir de las doce o así el buen señor, anteriormente mencionado, decidía que vender no, pero regalar chupitos a los españoles que le arreglaban la fiesta estaba bien) era en realidad una señal del destino para visitar Dublín. Porque sí, señoras y señores, llevábamos a una hora y media de la capital más de un mes y no nos habíamos dignado a pisarla. (En mi defensa diré que aún no controlaba demasiado el tema transporte público y que estaba bastante más concentrada en no matar a los niños (que me enseñaban/a los que enseñaba..?) que en el turismo potencial al cual tendría que haber arrastrado a una decena de italiannis con muchas gana de marcha).

Dicho esto, tras un tren, un par de autobuses y unas dosmil paradas para escuchar al tropel de músicos repartidos por las calles que, estoy segura, serán reconocidos próximamente como patrimonio de la humanidad, encontramos un Temple Bar en Dublín (qué le vamos a hacer, los museos ya estaban cerrados y los italiannis tiran al monte).

En el escenario teníamos al típico irlandés, con su barba roja y sus copas de más a las 10 de la tarde noche. (Si, habíamos salido a las 8 de casa. Y sí, allí eso es normal) y tras la barra al típico camarero al que no le colaba mi dni. Las dos grandes diferencias fueron:

  1. Las plantas que misteriosamente colgaban del techo creando un patio cervecero con complejo de jardín de infancia (de corte minimalista si se quiere)
  2. Los posa-vasos, de propaganda teatrística de una obra que me habría encantado ver casi tanto como me hubiese gustado perder el avión de vuelta. Tanto dí el coñazo con el tema que Cris terminó por idear la idea estrella numero dos de la noche, proponiendo que nos fuéramos llevando los posa-vasos de todo el bar para algo que no recuerdo. La idea en el momento tenía sentido así que mi principal recuerdo del país, a parte de la taza que le traje a mi padre es la colección de posa-vasos a modo de entradas frustradas del Temple de Dublín.

Fin de la historia.

Avanzando unos 400 días en el tiempo y superado ya el trauma de los camareros puñeteros con el dni (no eran relevantes en la historia pero ahí queda la espinita, una semana que me quedaba) HE ENCONTRADO LA PELÍCULA!

La obra/musical de mis posa-vasos al parecer se inspiraba en la película “Once” y las canciones son preciosas y la película es genial y bueno. Ya está.

A falta de diario se da el coñazo por aquí, que de momento tampoco es que moleste a demasiada gente.

Agur, estoy muymuy feliz.

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